La mañana espera para encontrarme con tus ojos
reflejos de luz divina que alumbran mi corazón
risueño y soñador te alcanza
por las esferas diminutas de unas lágrimas
¡llora el amor en mi corazón!
mientras lo acuno con tu voz.
Ecos lejanos de ayer perturban mi razón
amanece y sigo buscando tus labios
para beberte, trago a trago
hasta que seas la esencia de mí vivir.
Espera, aun no he recorrido algunos pasos
me he perdido entre la niebla espesa
y estoy esperando tu mano…
Quiero renacer en un día nuevo
donde la noche se dibujó sin luna
está conmigo en mi pecho
confesándose con tus palabras.
Dice que me quieres, que soy el abrigo de tu piel
el deseo que se funde en un beso
quizás eterno como este querer
que transita a oscuras por un alma tenebrosa.
Mírame con las estrellas que brillan en tus ojos
y abre los caminos de mi corazón
vallados en lo prohibido, encarcelan sensaciones
y ha dejado de llover por mi semblante.
Conjunción fuego, aire y tierra
y sin ti no estoy completa
creyente de tus palabras, del sentimiento
que a veces embarra mis pensamientos.
Cómo voy a atraparte, si mi mundo no es el tuyo
cómo va a amanecer si el sol reposa en la muerte
filtrando incertidumbres en mi boca cerrada.
Cómo me amarás, si soy la hija proscrita del amor
de mi huyen los sueños y se impone la realidad
tengo un corazón sin dueño y la piel de la soledad.
Pero he sonreído a un nuevo día al que tendré que pelear
un nuevo sueño, esta locura de cotidianas miradas
que no me pueden ver, efímera de mi sombra.
Busqué en la noche las constelaciones de un te quiero
grabado a fuego en mis recuerdos
o en el fuego de una noche apasionada
y hoy no amaneció, me quedé a tu ausencia abrazada.
Para no perderte en los acordes del sentimientos
sí, esos tan profundos que hacen llagas
por que nunca comprenderás lo que es amar con mis ganas.
Y sentir es una maldición que me acompaña
cada día, cada noche, cada mañana
sí, sigues siendo tú mi pensamiento
el torbellino de sentimientos
que hace girar mi mundo…
Cuando te busco con los pies quietos
sí, a ti te amo
aunque provoques las lágrimas…
que nunca besarás.
Mª Luisa Blanco